martes, mayo 12, 2015

ALL IN PIPE

Quiero agarrar el fútbol, la mesa ratona, la planta de albahaca, el post-estructuralismo, la materia orgánica y la reciclable, el swing y el rockabily, tu rithm & blues, nuestra danza africana, la muchacha punk, todos tus muertos, mi luna en Saturno, las metrópolis infectadas, los canales de deportes, las colegialas en la plaza.
Quiero agarrar Juan Román Riquelme y Roman Polansky, el LCD y el LSD, las ciencias ocultas, Schubert, el lenguaje binario, el maniqueísmo y el ying-yang, los 100 barrios porteños, medio oriente y el conurbano, el expresionismo de Katja Alemann, Gaudí y el queso Gouda, Utrecht y sus puentes floridos, ¿Monet o Manet?, los siete mares y la mar en coche, las pirámides y las carpas, los gitanos y los wachiturros, el tren siberiano, los ciervos de Canadá, la Patagonia, Francis Coppola, El Gran Torino, Willy Crook, Peter Pan, Capusotto, la música balcánica, el centro de la Tierra, Duchamp, los planetas gaseosos, la vía láctea, La Sirenita, Buenos Aires en enero, los acordes menores, Pink Floyd & Cerebro, la energía cinética, los primeros mamíferos, el agua en Marte, la Fierro y la Eroticón, el cambio de sexo, los parásitos, el amor universal, las placas tectónicas, Tigre-Arsenal.
Quiero agarrar la masonería, la homeopatía, el accidente de Albert Hoffman, el PH y el THC, la era del hielo, los Zares, la revolución industrial y el pan francés, los cementerios, el anís, el pastís, el ajo y el ají, el ajenjo y el jengibre. El apio y el cáñamo, la condensación, Homero Manzi, la comida tailandesa, el compost, los microorganismos, los Mods y los Rockers, el sustrato universal, Hugo Paco y Luis, la triple A, la KGB, el KKKlan, la 38 y el 69, el estrecho de Bering, el Big Bang y el apocalipsis, los centauros y las sirenas, sivolvieranlosdragones, la paja del trigo ajeno, la aguja en el pajar, tres tristes tigres, las mil y una noches, los 400 golpes, las trufas, las musas y los fainás, el naranjo en flor y el flor de nabo, la filosofía blanca y la música negra, pelos que no son míos, gorro-bandera y vincha, palito-bombón-helado, las 3 tentaciones y las 4 estaciones, Syd Vicious de Moraes, Deleuze, Céline Dion Solari, arbolhojasaltoluz, comonosentirmeasí, la plataforma continental, el viento en contra, las máquinas vigías, el sol en otoño. Quiero agarrar el indie folk, la próxima tormenta, el manteca Martínez, los fenicios y la primera camada de rolingas:
Wanna grab language
La aventura salvaje y el descanso amniótico
Las flores de Bach, la diferencia  
entre flores y Floresta
El pasado, mi futuro, el sentido de tu vida
Quiero tomar la agricultura y la ganadería
Nómades y unitarios, los Incas & la cola
La botánica toda, la astrología, los oficios
Ecuador y Greenwich, los climas tropicales
Las pasiones de Violeta,
todas las miradas en sus ojos.
Venirse por las ramas
Desde acá
Agarrar el tronco
Agarrar esto, ese, aquello,
ÉSTA
200.000 millones de galaxias
y fumármelo todo en pipa.

lunes, mayo 05, 2008

Father & Son

Nadie debería estar paseando por mi calle a estas horas. Tampoco debería yo estar soñando a este grado de conciencia y con el velador encendido. (¿Alguna vez sintieron el verdadero miedo? ¿Ése de las pulsaciones heladas que tiñen los músculos de blanco inmóvil?). Así respiro ahora: tan rígido que un acorde de violín acaba de partirme en dos.
¿Tendré tiempo para rendirte cuentas, enemigo vecino? ¿O vas a aniquilarme en el acto, ni bien se abra esa puerta vecina? Necesito espacio para aclarar mis emociones; tengo derecho, al menos, a consentirte y sentir que jamás dejé de ser el poderoso. Incluso podríamos entablar amistad, y burlarnos juntos de lo cruel y merecida que viajó la cuchilla entre mis pelitos abdominales. Pero yo no sirvo para esto, siempre pierdo cuando intento ser honesto.
Es increíble que la idiotez nos acompañe hasta el último segundo. Mientras pienso gritos espantosos, impulsivos y teatrales, los pasos como redoblantes se acercan acarreando mis últimos sonidos. Al menos estoy seguro de cómo voy a reaccionar -¡Voy a morir sobre el escenario como un verdadero artista!-.
Pareciera ser que el monstruillo se jacta de mi temor. Lo goza y lo saborea, untándolo con jaleas de fruta que roba impúdicamente de mi heladera (aunque parezca mentira, en aquel entonces mis únicas preocupaciones tenían el nombre de los aderezos que tendría yo que reponer). Lo más gracioso de todo, insisto, fue cuando pensé que todo estaba predestinado como en la vida de las grandes estrellas -hoy lo digo ruborizado-. La demora del crimen me regalaba su tiempo para inmortalizarme en emociones crudas y casi creíbles, que luego serían gratuitamente vendidas a mi vanidad. Y, como en toda historia heroica, mental y absolutamente carente de calle, el peligro se desvanecería por razones que yo ignoraría por completo.
El plan iba desarrollándose a la perfección, cuando mis emociones por fin se acomodaron: estaba completamente cagado. Y eso siempre congenia astutamente con la compasión femenina y el abrazo de la crítica de arte: ¡Un romántico hasta en el simulacro de su muerte!
De todos modos estoy disconforme con algunos detalles. El muy prolijo debió darme unos segundos más, ya saben... para los festejos. Mis ideas al fin habían encontrado el remanso Y POR PRIMERA VEZ TUVIERON SENTIMIENTOS (nadaban todos juntos en forma de círculo). Entonces... venir a aniquilarme justo en el auge de la fórmula… eso sí que es ser un cretino, ¡un envidioso tan asesino e impuntual!
La puerta se abrió sin disimular ni presumir. Y yo, como todo aquél que conoce el final de la historia, esperaba recostado, imperturbable y narcisista (los expertos aseguran que allí se registró el mayor índice de rating teatral). Pero los peores golpes nos encuentran siempre en la cima: jamás esperé encontrar allí a mi pequeño hijito, justo detrás de esa puerta de decorado. El muy intrépido intervino insolente en el momento más importante de mi carrera. ¿Justo hoy se le ocurre querer venir a dormir con papá? Sin embargo, sus ojos cachorros me pidieron que mirara hacia el costado -alguna vez había que hacerlo- y me apiadara de su temor, su estúpido temor a los monstruos. A regañadientes, le hice un lugar en la cama a la intrusa criatura.
No puedo negar que, así las cosas, me sentí cómodo a su lado ¡Sí! Con sus nalgas de felpudo junto a mi vientre cucharita. Le acaricié los ojos, se los hipnoticé desde la nuca hasta extinguirles el fuego. Estaba irresistible el divino maricón. Pero su belleza y la tentación duraron poco, iban desapareciendo a medida que yo me convertía en un monstruo. En diez segundos mi ambición lo venció. Suavemente, le envolví el cuello con mi brazo para incorporarlo a la escena. La luz hizo foco en mis ojos de gata cuando lo atravesé con un marcador Faber Castell. La tinta roja salpicó la decoración, al tiempo que mi cicatriz crecía y sus dientes de pequinés goteaban lágrimas de cocodrilo.
Esa fue la última imagen que tuve de él, antes de bajarle el telón de las pestañas y condenarlo al insomnio eterno.

Desde los ojos

En la fría claridad del atardecer comencé a seguir el viento que golpeaba en tu espalda. Las piedras del asfalto quemaban mi sien y los pasos ardían a prisa. En un instante parecía primavera, cuando podía jugar a que era cierto porque todavía no te dabas vuelta para esfumarlo todo. Eras bella y además eras mía cuando vos quisieras, mientras seguías con tu paso acelerado esquivando coches con los ojos del infierno. El mundo podía reducirse a eso: mis ojos en tu espalda en tu pelo en el viento sobre tus pies enhebrando. Pasaron miles de semáforos y todavía más calles, te metiste entre infinitos edificios y desapareciste por una escalera. Yo me volví solo, bebiendo de tu resaca y con los ojos más grandes del mundo.

domingo, octubre 01, 2006

El hombre transparente

El hombre transparente camina tomando agua. Alza los ojos cristalinos y mira el cielo. La lluvia no moja al hombre transparente que abre la boca y bebe el agua que pasa por su agujero hasta caer al mar. El hombre transparente piensa. El vacío del mundo en el vacío de la cabeza del hombre transparente. Hay muchos hombres transparentes y mucha agua. Todos beben y agradecen al cielo por la lluvia que cae hacia el mar. Los hombres transparentes se miran con sus ojos de cristal, ríen y agradecen por la risa de los hombres. Hay un hombre transparente que es invisible. Nadie lo ve, pero él también ríe y está prendido fuego.

O homem transparente

O homem transparente caminha tomando água. Eleva seus olhos cristalinos e olha para o céu. A chuva não molha ao homem transparente que abre sua boca e bebe a água que passa por seu buraco até cair ao mar. O homem transparente pensa. O vazio do mundo no vazio da cabeça do homem transparente. Há muitos homens transparentes e muita água. Todos bebem e agradecem ao céu pela chuva que cai ao mar. Os homens transparentes olham para si mesmos com seus olhos de cristal, riem e agradecem pelo riso dos homens. Há um homem transparente que é invisível. Ninguém o vê, mas ele também ri e está pegando fogo.

Traducido por el ojo sensible-sexto sentido de Virginia Arienti

jueves, septiembre 21, 2006

Backstage

Se levantó de la cama de un salto agitado. El ambiente era el mismo, las paredes la cuidaban, la ventana le hacia respirar, el espejo la mataba. Era su fiesta de quince y entonces se probó el vestido. El vestido más hermoso del mundo y enseguida el trapo de tela más horrible sobre su cuerpo. Un cuerpo armonioso y pretendido que se miraba a si mismo, una buena cintura y unos pechos firmes, unos ojos negros que miran y se miran y desenfocan y se acercan más y más y golpean con el vidrio. Unos párpados cansados que ceden lentamente y se cierran aplastando las lágrimas.
Volvió entonces a la cama. Ya era tiempo de volver a soñar un poco y de levantarse agitada y abrir la ventana para respirar de nuevo. Camila se sentó un rato a pensar y decidió ir a la cocina porque hacía mucho que no iba. Sacó una tarta vieja de la heladera, miró el horno y la calentó al fin en el microondas (siempre comía viendo la televisión). La propaganda llegó justo cuando terminaba su último bocado así que aprovechó ese tiempo para ir al baño. Antes de sentarse en el inodoro sabia que iba a mirarse un ratito al espejo. Estaba bastante bien. Salvo un poco el maquillaje que enseguida empezaba a corregir con sus dedos de seda recorriendo la mejilla. Las pestañas se veían bien, al igual que las cejas. Ya podía sentarse y orinar tranquila. Mientras tanto aprovechó para recortarse un poco las uñas y también pintarlas (cuando terminó se levantó y se lavó las manos). Alzó un segundo la cabeza sabiendo que tal vez sería algo más que un segundo. Se vio fea, se acomodó el pelo y se vio aun más fea, corrió el maquillaje y se convirtió en un monstruo. Empezó a sentirse sucia y así no podía presentarse en su fiesta de egresados. Entonces abrió urgente la ducha y fue a continuar viendo su programa hasta que saliera el agua caliente. Ya había terminado, pero era lo mismo, había otro.
Una vez en la ducha se sintió mejor. El fuerte chorro le acariciaba los hombros, la sonrisa, la carcajada llena de gotas de alegría, escupía, cantaba, estrujaba la esponja. En medio del silencio tormentoso del baño sonó el teléfono. Y siguió sonando como en un cuarto vacío. Al fin limpia corrió la cortina y salió apresurada con los ojos cerrados para evitar el espejo. Ahora un ratito de tele antes de ir a dormir, estaba muy cansada.
Camila se despertó de un brinco, agitada. Escuchaba voces que venían de afuera del cuarto que la nombraban. Era su madre que la llamaba para el almuerzo, aduciendo que ya estaba toda la familia reunida, que la comida se enfriaba, que siempre lo mismo. De todos modos ya era hora de levantarse, había dormido suficientes horas. Hoy era el día. Bajó las escaleras de madera amarrándose fuerte de la baranda mientras pensaba que tal vez en la noche conocería a algún chico. También pensaba en si el vestido rojo que había elegido para el casamiento no era demasiado vistoso y si podía opacar el de la novia. Pensó en ello hasta que se metió un bocado de pollo con arroz.
Entre la niebla estaba el resto de la familia, almorzando. Igualmente ella les podía hablar, pedirles la sal, reírse de los chistes, servirse más comida. Cuando pudo escapó. Escuchó los mensajes del contestador, pero no había, abrió su correo electrónico y tampoco había respuestas. Quizás en media hora.
Mientras arrastraba sus pies por la alfombra que la llevaba a su cuarto, buscó sigilosamente su reflejo en la ventana. Necesitaba ir al baño. A pesar de todo entraba bien predispuesta, sabiendo que sólo iba a mirarse un rato al espejo, que iba a acercarse y a descubrir sus ojos huecos mirando unos ojos tristes, que iba a inventarse nuevas arrugas en la frente y canas en el pelo. Pero ya era la hora, nada tenía solución, salvo secarse las lágrimas y rezar. Ya se sentía mejor.
Bajó las escaleras de madera paso por paso hasta el último crujido, agarrándose de la baranda. Del techo caía la luz dicroica sobre Camila. Ella caminó hasta la puerta de entrada, agarró su bastón y metió las llaves en la cerradura. Hacía mucho calor y el aire era pesado. Giró sus dedos de crema y una gota de sangre comenzó a caerle por la mano. La puerta se abrió y Camila salió a comprar el pan una tarde de sol de primavera.

Federiquito

A veces soy un poco desobediente, es verdad. No se si tanto como para merecer el infierno, pero sí, tengo que cambiar... es que mi corazoncito necesita limpiar todas esas manchas feas, siempre lo dice papá. Por eso nunca sonríe mi muñeco ninja, por eso los autitos de carrera se esconden en el armario, por eso. Es así.
¿Pero por qué afuera todos patean una pelota? ¿Por qué Gladis usa delantal, por qué la llaman con una campanita, por qué dice “el señor” si el Señor está en el cielo... Bueno, no importa, ustedes tienen razón, no merezco todo lo que tengo, en serio, perdón. Ni siquiera merezco este plato de comida, este plato que ya no lo quiero mirar más porque quiero alzar la cabeza.
Voy a pedir permiso y, despacito, me voy a levantar. Me voy al cuarto, sin postre, lo sé, pero me llevo la campanita. Y todos van a darse vuelta cuando rompa el vidrio con esta puta campana.